Asturias, destino preferente para el teletrabajo

Por qué cada vez más gente se lleva el portátil a Asturias

Hace no tanto, decirle a tu jefe que ibas a trabajar desde un pueblo de la costa asturiana sonaba a excusa para hacer el vago. Hoy es una conversación completamente normal. El teletrabajo cambió muchas cosas, pero sobre todo cambió una pregunta: ya no es cómo trabajas, sino desde dónde.

Y ahí es donde Asturias aparece en la ecuación de mucha gente.

No de golpe, no con grandes campañas. Sino porque alguien se fue un verano, vio que podía quedarse y… se quedó. Luego se lo contó a otro. Y así.


Lo del paisaje es real, pero no es solo eso

Sí, las vistas son brutales. Terminar una reunión y asomarte a los Picos de Europa o bajar en diez minutos a una playa que en agosto tiene cuatro personas no tiene precio. Eso es verdad y sería absurdo no mencionarlo.

Pero lo que engancha de verdad no es el paisaje. Es el ritmo.

Asturias tiene una velocidad que no te aplasta. No hay esa presión constante de las grandes ciudades, ese ruido de fondo que no para nunca. Aquí puedes pensar. Y cuando puedes pensar, trabajas mejor. Suena obvio pero cuesta encontrarlo.

La conexión a internet, que siempre es la primera pregunta, funciona bien en las ciudades y en la mayoría de los pueblos con acceso por carretera. No en todos, hay que ser honesto. Pero si no te vas a vivir a una cabaña sin señal, el problema raro es que surja.


Coworking: porque el sofá de casa tiene un límite

La primera semana de teletrabajo desde casa parece fantástica. La tercera ya no tanto. El aislamiento es real y a mucha gente le pilla por sorpresa.

En Asturias hay una red de espacios de coworking que ha crecido bastante en los últimos años, especialmente en Gijón, Oviedo y Avilés. No son solo sitios con mesas y enchufe, aunque eso también importa. Son lugares donde acabas conociendo a gente (diseñadores web, consultores y todo tipo de gente) que trabaja en cosas parecidas a las tuyas, donde se montan eventos que no son un rollo, donde de vez en cuando surge algo interesante de una conversación en la cocina.

En pueblos más pequeños como Llanes o Ribadesella también hay opciones, más tranquilas, más de nicho. Depende de lo que busques.


El dinero, que también importa

Un piso decente en el centro de Oviedo o Gijón cuesta bastante menos que su equivalente en Madrid o Barcelona. Eso no es opinión, son números. Y si trabajas con un sueldo de ciudad grande desde aquí, la diferencia se nota en la cuenta a fin de mes.

La comida también ayuda. No porque sea barata en plan low cost, sino porque es buena de verdad y no tienes que irte a un restaurante caro para comer bien. El menú del día en cualquier bar del centro incluye cosas que en otras ciudades pagarías el doble. El pescado es fresco porque viene de la lonja de verdad. Y la sidra, que no es solo una bebida sino casi una institución social, no arruina a nadie.


Los fines de semana dan para mucho

Esto es importante para quien venga con familia o simplemente no quiera que su tiempo libre se reduzca a Netflix.

Senderismo, surf, rutas en bici, pueblos que parecen parados en el tiempo, cuevas con pinturas rupestres, prerrómanico que no hay en casi ningún otro sitio de Europa… Asturias tiene una densidad de cosas interesantes por kilómetro cuadrado que sorprende. Y sin las colas ni el turismo masificado de otros destinos, al menos de momento.

El Camino de Santiago pasa por aquí en dos variantes y mucha gente lo hace por etapas sueltas en sus días libres. Es una forma rara de desconectar de verdad.


La pregunta que todo el mundo se hace

¿Por qué no antes?

Probablemente porque Asturias no vende bien el cuento. No tiene el marketing de Lisboa ni el sol garantizado del Mediterráneo. Tiene otra cosa, más difícil de fotografiar: una forma de vivir que, una vez que la pruebas, es complicada de dejar.

No es para todo el mundo. Si necesitas el pulso de una gran ciudad, aquí vas a echar algo en falta. Pero si lo que buscas es trabajar bien, vivir mejor y no tener que elegir entre las dos cosas, merece la pena darle una oportunidad.

Como mínimo, una temporada de prueba.

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